Cuatro coincidencias en el camino de Shanghai a Santoña

Hola, me llamo Yiran y quería contaros mi historia, que está llena de coincidencias o, como yo digo, “dioscidencias”. Nací en China, en una ciudad cercana a Shanghai. A los 14 años vine a vivir a España, a un pueblo de Cantabria llamado Santoña y realmente me siento de allí.

En primera persona

1ª Coincidencia: mi bisabuela

Mi bisabuela era la única persona creyente de mi familia. Todos los demás son ateos. Ella me llevó, de pequeña, a la Iglesia evangélica en la que empecé a recibir formación cristiana. Aquí es donde empezó el largo viaje que Dios me tenía preparado.

"Todo esto fue un primer paso para descubrir la Iglesia y tirar por tierra algunos de mis prejuicios"

2ª Coincidencia: Fernando

Empecé la carrera de Ingeniería Química sin saber muy bien lo que era, pero como me gustan los retos y las ciencias, me decidí por ella. Allí conocí a Fernando, un chico de origen mexicano-japonés con el que empecé a salir. Aunque nuestra relación duró menos de un año, fue suficiente para que descubriera cómo vivía él la fe católica, cómo había aprendido a rezar en su familia y, en ellos, pude ver un ejemplo de unidad y cariño. Todo esto fue un primer paso para descubrir la Iglesia y tirar por tierra algunos de mis prejuicios.

"En segundo de carrera conocí a Inés, una chica muy normal y divertida. Nos hicimos amigas y, un día, me contó que era numeraria del Opus Dei"

3ª Coincidencia: Inés

En segundo de carrera conocí a Inés, una chica muy normal y divertida. Nos hicimos amigas y, un día, me contó que era numeraria del Opus Dei. ¡Me sorprendió mucho! Mi idea de una persona entregada a Dios en la Iglesia Católica era aburrida, oscura y triste; pero comprobé que nada más lejos de la realidad.

Pasados unos meses, Inés me invitó a una Asociación Universitaria promovida por gente del Opus Dei. Allí empecé a asistir a unas clases de formación cristiana; bueno, más que unas clases, podrían llamarse diálogos de intercambio de ideas, de dudas que me iban surgiendo sobre la fe y sobre la Iglesia A mí me encanta saber, descubrir el porqué de las cosas. Mi interés por la Iglesia era simplemente curiosidad, solo quería llegar hasta el final y todavía estaba muy lejos de plantearme la conversión.

Pero, pasado un tiempo, la fe empezó a interesarme de una forma más personal. Por eso, comencé a asistir a unas charlas más en serio, donde Ana, otra chica que conocí en Dobra, me hablaba de la fe y la doctrina católicas e iba resolviendo mis inquietudes.

Ana me recomendó que leyera “Roma dulce hogar", un libro en el que un pastor protestante americano, Scott Hahn, cuenta su proceso de conversión.

4ª Coincidencia: “Roma Dulce Hogar"

Ana me recomendó que leyera “Roma dulce hogar", un libro en el que un pastor protestante americano, Scott Hahn, cuenta su proceso hasta ser recibido en la Iglesia católica. La verdad es que no tenía ni un minuto: entre estudiar, trabajar, mi blog de cocina, etc. Así que ni siquiera abrí el libro.

Acabó el curso y me fui “de escapada"- como las llamo yo- a recorrer algunas ciudades de España sin más compañía que mi cámara. Fui a parar a Logroño y, mientras paseaba por la ciudad, entré en una tienda que parecía de papelería y artículos de oficina, pero que resultó ser una librería religiosa. Cuál fue mi sorpresa cuando me encontré de sopetón con el dichoso libro y no pude evitar comprarlo, porque pensé que allí había algo más que casualidades. Lo leí de un tirón, cosa extraña porque todavía leo despacio el castellano.

Mi siguiente parada en la escapada fue a Zaragoza y allí, en el Pilar, me di cuenta de que mi sitio era la Iglesia Católica. La decisión me costó mucho, pero ya no había vuelta atrás: lo había visto y quería convertirme. Supongo que ahí tampoco faltó la ayuda de Dios.

Mi vida desde entonces ha dado un giro. Ahora me estoy preparando para recibir el bautismo, voy a la Santa Misa cada domingo y me he dado cuenta de que puedo encontrar a Dios en las cosas más sencillas, en todo: en el trabajo, en mis hobbies, estando con mis amigos… Para mí, el tiempo es oro y, desde hace unos meses, un regalo de Dios.